Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leyendas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de abril de 2008

Leyenda de San jorge



Hoy el dia del libro, donde se regala un libro y una flor quiero poneros la leyenda de San Jorge, por ser hoy su honomástica, y como ejemplo de lucha contra el mal, debieramos con la misma fuerza luchar contra el mal y la tristeza:

La leyenda de San Jorge y el dragón

En cierta ocasión llegó San Jorge a una ciudad llamada Silca, en la provincia de Libia. Cerca de la población había un lago tan grande que parecía un mar donde se ocultaba un dragón de tal fiereza y tan descomunal tamaño, que tenía atemorizadas a las gentes de la comarca, pues cuantas veces intentaron capturarlo tuvieron que huir despavoridas a pesar de que iban fuertemente armadas. Además, el monstruo era tan sumamente pestífero, que el hedor que despedía llegaba hasta los muros de la ciudad y con él infestaba a cuantos trataban de acercarse a la orilla de aquellas aguas. Los habitantes de Silca arrojaban al lago cada día dos ovejas para que el dragón comiese y los dejase tranquilos, porque si le faltaba el alimento iba en busca de él hasta la misma muralla, los asustaba y, con la podredumbre de su hediondez, contaminaba el ambiente y causaba la muerte a muchas personas.
Al cabo de cierto tiempo los moradores de la región se quedaron sin ovejas o con un número muy escaso de ellas, y como no les resultaba fácil recebar sus cabañas, celebraron una reunión y en ella acordaron arrojar cada día al agua, para comida de la bestia, una sola oveja y a una persona, y que la designación de ésta se hiciera diariamente, mediante sorteo, sin excluir de él a nadie. Así se hizo; pero llegó un momento en que casi todos los habitantes habían sido devorados por el dragón. Cuando ya quedaban muy pocos, un día, al hacer el sorteo de la víctima, la suerte recayó en la hija única del rey. Entonces éste, profundamente afligido, propuso a sus súbditos:

-Os doy todo mi oro y toda mi plata y hasta la mitad de mi reino si hacéis una excepción con mi hija. Yo no puedo soportar que muera con semejante género de muerte.

El pueblo, indignado, replicó:

-No aceptamos. Tú fuiste quien propusiste que las cosas se hicieran de esta manera. A causa de tu proposición nosotros hemos perdido a nuestros hijos, y ahora, porque le ha llegado el turno a la tuya, pretendes modificar tu anterior propuesta. No pasamos por ello. Si tu hija no es arrojada al lago para que coma el dragón como lo han sido hasta hoy tantísimas otras personas, te quemaremos vivo y prenderemos fuego a tu casa.

En vista de tal actitud el rey comenzó a dar alaridos de dolor y a decir:

-¡Ay, infeliz de mí! ¡Oh, dulcísima hija mía! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo alegar? ¡Ya no te veré casada, como era mi deseo!

Después, dirigiéndose a sus ciudadanos les suplicó:

-Aplazad por ocho días el sacrificio de mi hija, para que pueda durante ellos llorar esta desgracia.

El pueblo accedió a esta petición; pero, pasados los ocho días del plazo, la gente de la ciudad trató de exigir al rey que les entregara a su hija para arrojarla al lago, y clamando, enfurecidos, ante su palacio decían a gritos:

-¿Es que estás dispuesto a que todos perezcamos con tal de salvar a tu hija? ¿No ves que vamos a morir infestados por el hedor del dragón que está detrás de la muralla reclamando su comida?

Convencido el rey de que no podría salvar a su hija, la vistió con ricas y suntuosas galas y abrazándola y bañándola con sus lágrimas, decía:

-¡Ay, hija mía queridísima! Creía que ibas a darme larga descendencia, y he aquí que en lugar de eso vas a ser engullida por esa bestia. ¡Ay, dulcísima hija! Pensaba invitar a tu boda a todos los príncipes de la región y adornar el palacio con margaritas y hacer que resonaran en él músicas de órganos y timbales. Y ¿qué es lo que me espera? Verte devorada por ese dragón. ¡Ojalá, hija mía, -le repetía mientras la besaba- pudiera yo morir antes que perderte de esta manera!

La doncella se postró ante su padre y le rogó que la bendijera antes de emprender aquel funesto viaje. Vertiendo torrentes de lágrimas, el rey la bendijo; tras esto, la joven salió de la ciudad y se dirigió hacia el lago. Cuando llorando caminaba a cumplir su destino, san Jorge se encontró casualmente con ella y, al verla tan afligida, le preguntó la causa de que derramara tan copiosas lágrimas.

La doncella le contestó:

-¡Oh buen joven! ¡No te detengas! Sube a tu caballo y huye a toda prisa, porque si no también a ti te alcanzará la muerte que a mí me aguarda.

-No temas, hija –repuso san Jorge-; cuéntame lo que te pasa y dime qué hace allí aquel grupo de gente que parece estar asistiendo a algún espectáculo.

-Paréceme, piadoso joven –le dijo la doncella- que tienes un corazón magnánimo. Pero, ¿es que deseas morir conmigo? ¡Hazme caso y huye cuanto antes!

El santo insistió:

-No me moveré de aquí hasta que no me hayas contado lo que te sucede.

La muchacha le explicó su caso, y cuando terminó su relato, Jorge le dijo:

-¡Hija, no tengas miedo! En el nombre de Cristo yo te ayudaré.

-¡Gracias, valeroso soldado! –replicó ella- pero te repito que te pongas inmediatamente a salvo si no quieres perecer conmigo. No podrás librarme de la muerte que me espera, porque si lo intentaras morirías tú también; ya que yo no tengo remedio, sálvate tú.

Durante el diálogo precedente el dragón sacó la cabeza de debajo de las aguas, nadó hasta la orilla del lago, salió a tierra y empezó a avanzar hacia ellos. Entonces la doncella, al ver que el monstruo se acercaba, aterrorizada, gritó a Jorge:

-¡Huye! ¡huye a toda prisa, buen hombre!

Jorge, de un salto, se acomodó en su caballo, se santiguó, se encomendó a Dios, enristró su lanza, y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, se dirigió hacia la bestia a toda carrera, y cuando la tuvo a su alcance hundió en su cuerpo el arma y la hirió. Acto seguido echó pie a tierra y dijo a la joven:

-Quítate el cinturón y sujeta con él al monstruo por el pescuezo. No temas, hija; haz lo que te digo.

Una vez que la joven hubo amarrado al dragón de la manera que Jorge le dijo, tomó el extremo del ceñidor como si fuera un ramal y comenzó a caminar hacia la ciudad llevando tras de sí al dragón que la seguía como si fuese un perrillo faldero. Cuando llegó a la puerta de la muralla, el público que allí estaba congregado, al ver que la doncella traía a la bestia, comenzó a huir hacia los montes dando gritos y diciendo:

-¡Ay de nosotros! ¡Ahora sí que pereceremos todos sin remedio!

San Jorge trató de detenerlos y de tranquilizarlos.

-¡No tengáis miedo! –les decía-. Dios me ha traído hasta esta ciudad para libraros de este monstruo. ¡Creed en Cristo y bautizaos! ¡Ya veréis cómo yo mato a esta bestia en cuanto todos hayáis recibido el bautismo!

Rey y pueblo se convirtieron y, cuando todos los habitantes de la ciudad hubieron recibido el bautismo San Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, cuyo cuerpo, arrastrado por cuatro parejas de bueyes, fue sacado de la población amurallada y llevado hasta un campo muy extenso que había a considerable distancia.

Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. El rey, agradecido, hizo construir una iglesia enorme, dedicada a Santa María y a San Jorge. Por cierto que al pie del altar de la citada iglesia comenzó a manar una fuente muy abundante de agua tan milagrosa que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados de cualquier dolencia que les aquejase.
Igualmente, el rey ofreció a Jorge una inmensa cantidad de dinero que el santo no aceptó, aunque sí rogó al monarca que distribuyese la fabulosa suma entre los pobres.


lunes, 7 de abril de 2008


Hombre de Piedra

EL REY DON JUAN, LEY 11
El rey i toda persona que
topare el Santísimo Sacramento
se apee, aunque sea en el lodo
so pena de 600 maravedises
según la loable costumbre desta ciudad,
o que pierda la cabalgadura,
y si fuere moro de catorce años arriba
que hinque las rodillas
o que pierda todo lo que llevare vestido...




Esta leyenda figura en una lápida escrita en caracteres antiguos en la Plaza del Salvador, esquina a calle Villegas junto una cruz de gran tamaño, la Cruz de Polaineros. En la leyenda, en el siglo XV el rey don Juan II dicta que toda persona se arrodille al paso del Santísimo Sacramento aunque estuviese en el barro, al igual que si fuera moro mayor de catorce años. Como castigo perderían la cabalgadura o las vestiduras. Una vez entendida esta ley podemos narrar la leyenda que acontece al por qué, en el barrio de San Lorenzo, se llamó a una calle Hombre de Piedra, puesto que desde el siglo XIII al XV la calle se denominó Buen Rostro.

Dice la leyenda que en esta calle había una taberna, y al oír los rezos de la comitiva del Santísimo Sacramento que se acercaba camino de dar la extrema unción a un enfermo, los bebedores de la taberna salieron y se arrodillaron al paso de la comitiva. Entre estos cliente se encontraba Mateo "el Rubio", que en alarde de incredulidad y mostrándose como el mas valiente y matón de la zona, trató demostrar a los otros que se arrodillaban como mujeres y pregonó que él no se arrodillaba.

...Y allí permaneció para siempre convertido en piedra y hundido hasta la rodilla en el suelo debido a un rayo que le cayó. Quedó petrificado por pecador blasfemo que se atrevió desafiar a Dios. Debido a este escarmiento desde el siglo XV la calle se llamó Hombre de Piedra, donde aún existe la estatua ya desfigurada por el tiempo.

Aclaración arqueológica: Actualmente la verdadera interpretación es que existía una estatua romana, que los árabes mantuvieron señalando unos baños públicos y que ha resistido hasta nuestros días




La Bella Susona "Suona Ben Suzon"

Los hechos acaecidos en Sevilla en el año 1391, en que se persiguió hasta la muerte de aproximadamente 4000 personas por cristianos convencidos por Ferrant Martínez (Fernando Martínez), Arcediano de Ecija. Provocó el sentimiento de venganza consiguiente conspirándose una sublevación entre los que se encontraban altos cargos de la ciudad.

Diego Susón era uno de los conspiradores. Tenia una bella hija conocida como "la hermosa hembra", que a espaldas de su padre era amante de un ilustre caballero cristiano. En la espera de que se fuera a dormir su padre para acudir a escondidas a su cita con el heráldico caballero, escuchó las palabras que en reunión decían los conspiradores en preparación del plan a seguir, y en el que se incluía la muerte de su amante.

Una vez terminada la reunión y acostado Diego Susón, la bella Susona acudió a la cita y reveló a su amante el contenido de la conversación. Inmediatamente el caballero informó al Asistente de la ciudad Diego de Merlo, que con sus mejores alguaciles y de mas confianza, recorrió las calles visitando los domicilios y haciendo presos a los participantes del intento de sublevación. Estos fueron ajusticiados en la horca unos días después.

El mismo día de la muerte de Diego Susón, su hija, "la hermosa hembra" en reflexión, convencida de que traicionó a su padre por favorecer a su amante, y atormentada, acudió a la Catedral pidiendo confesión. Le atendió Reginaldo Romero, obispo de Tiberiades y también Arcipreste, quien la bautizó y le dio la absolución, aconsejándole como penitencia retirarse a un convento. Así lo hizo hasta sentirse tranquila de espíritu y volvió a su casa llevando una vida cristiana y ejemplar hasta su muerte.

Cuando abrieron el testamento de Susona encontraron una cláusula que decía "Y para que sirva de ejemplo a las jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto separen mi cabeza de mi cuerpo, y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás".

Su deseo se cumplió, y su cabeza estuvo expuesta desde finales del siglo XV hasta entrado el año 1600. Por ello el antiguo nombre de calle Muerte hasta el siglo XIX en que se cambió el nombre de la calle por el de Susona que actualmente existe.

Esta leyenda es un hecho rigurosamente histórico, se conocen los nombres de los participantes a la reunión, incluso frases promulgadas por Diego Susón en su traslado al patíbulo según hay constancias por testigos preesenciales

EDLO

La Maldegollada

Cuenta esta leyenda un hecho que por el tumulto ciudadano que provocó ha llegado hasta nuestros días. Ocurrió allá por el año 1624 en Sevilla, en la actual calle Hernando Colón, entonces dividida en dos tramos: calle Tundidores si entramos por calle Alemanes y calle Alcaicería de la Seda si entramos desde San Francisco.

Bien, pues en calle Alcaicería de la Seda, en la acera izquierda según entramos desde San Francisco, vivía un sastre llamado Cosme casado con una joven mujer, Manuela Tablantes. Tenían contratado a un joven mancebo llamado José Márquez, el cual mantenía ilícitas relaciones amorosas con Manuela a espaldas de su marido Cosme.

Durante el trabajo cotidiano, el joven Márquez aprovechaba cualquier ocasión para visitar a su amada en la estancia de esta en el piso superior, como pudiera ser el motivo de la falta de hilo o cualquier utensilio. Tanto se prodigó esta situación, que Cosme un día subió al primer piso y presenció atónito la escena de adulterio.

Cosme salió a la calle, y maldiciendo y llorando enseguida llegó a la Real Audiencia que estaba cerca. Las leyes de entonces, diferentes a las actuales, contemplaban que una vez pasado el acaloramiento del marido ultrajado, solo podía denunciar el hecho y así exigir incluso la pena de muerte para ambos en vez de ejecutarlos él mismo, acto que pudo ocurrir durante el trance en que Cosme sorprendió a la pareja.

Cosme, rencoroso, rechazó las peticiones de clemencia protagonizadas por amigos, familiares, e incluso la propia Real Audiencia. Y el 22 de Octubre de 1624 se confirmó la sentencia de muerte en la horca y en racimo para estos casos. El mismo día por la tarde se dispuso según costumbre a construir el cadalso en la Plaza San Francisco.

El ajusticiamiento de Manuela y Márquez provocó tumultos en la ciudad, no siendo aceptado a nivel popular, y jóvenes estudiantes durante la noche quemaron las instalaciones para la ejecución. Esto volvió a ocurrir en la noche siguiente, nuevamente se quemó el cadalso, hasta que por fin el jueves se dispuso vigilancia mediante soldados en los accesos a la plaza. Se construyó un cadalso mas alto para que el viernes se celebrara el cumplimiento de la ley según orden a las diez de la mañana.

Una vez llegado el momento de cumplir sentencia, por el arquillo del Ayuntamiento que comunicaba con el convento de San Francisco situado entonces en la Plaza Nueva actual, apareció una comitiva de frailes franciscanos que se disponían abortar la ejecución. Los soldados no dejaron avanzar la comitiva, pero aprovechando el tumulto unos cuantos de franciscanos accedieron hasta Cosme, y un corpulento fraile en un gran abrazo de amor a Cosme, le metió el crucifijo en la boca y gritó que por fin Cosme perdonó. Cosme con un dedo que le quedaba libre decía que no, pero no lo veía nadie. Lo que si se oía era la voz del corpulento fraile Padre Soto gritar ¡Ha perdonado! ¡Ha perdonado!

Los estudiantes se abalanzaron hacia el cadalso, el regente de la Real Audiencia hizo gesto de irremediable, y el asistente ordenó a la tropa no intervenir. Los estudiante arrebataron de la horca a los sentenciados y se los llevaron a hombro como triunfo al convento de San Francisco. Cosme quedó solo en la grada, la tropa se marchó y la gente regresó a sus casas.

Cuando se enfriaron los ánimos, la Real Audiencia reclamó los reos al convento, y exigió a Cosme que perdonase las vidas para evitar conflictos públicos. Márquez fue castigado durante una temporada a galeras, y Manuela ingresada en un convento. Pero pronto salió Manuela y volvió a sus andadas alegres, y es por lo que la decían "La Maldegollada"

Copla:
«Todos le ruegan a Cosme que perdone a su mujer;
y el responde con el dedo señores, no pudo ser»

http://edlo.en.eresmas.com/Leyendas/